Esta época me
remonta a un viaje al pasado, a esos años maravillosos en los cuales está fecha
era especial, recuerdo que las personas se esforzaban en mostrar su gratitud a
los demás, los vecinos compartían unos con otros, las familias se reunían, el
ambiente se convertía más ameno y festivo. Los niños esperaban con ansías la
llegada del niño Dios, si habías tenido un buen comportamiento durante el año
el niño Dios te compensaba con obsequios y si no podías hacer un esfuerzo y
esperar hasta el día de reyes magos, todo obsequio era bien recibido por muy
sencillo que fuese. Las mujeres se esforzaban en preparar los mejores guisos o
comidas típicas, mientras los niños esperaban impacientes poder degustar lo
preparado.
Sin duda alguna
era una de las mejores épocas del año, sin embargo con el tiempo se ha ido
olvidando el verdadero significado y todo se ha convertido en mero consumismo,
ese consumismo voraz que ha invadido las mentes de muchos y su filosofía de
“cuanto tienes es lo que vales” o “una marca hace la diferencia”.
Observo con
tristeza los centros comerciales abarrotados de gente comprando la ropa más
cara o los últimos aparatos tecnológicos, niños inconformes con juguetes
sencillos exigiendo a sus padres marcas prestigiosas, padres estresados por
complacer a sus hijos sin importar el nivel de endeudamiento, mujeres
preocupadas por su imagen más que por la cena de su familia…
No logro
entender cuando la gente se convirtió tan materialista y perdió su calidad
humana, a donde fueron a parar los
valores de humildad, gratitud, generosidad por mencionar algunos…
La gente ha
dejado de razonar y se han convertidos en robots programados para consumir, es
lo que estamos inculcando en las nuevas generaciones esa necesidad insaciable
de comprar.
Solo me invade
la interrogante, ¿aún podemos cambiar para bien? o será imposible y solamente
nos espera sufrir las consecuencias de una vida sin valores morales….
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